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<rss xmlns:dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/" xmlns:content="http://purl.org/rss/1.0/modules/content/" xmlns:atom="http://www.w3.org/2005/Atom" version="2.0"><channel><atom:link href="https://apostrofe.blogia.com/feed.xml" rel="self" type="application/rss+xml"/><title>Ap&#xF3;strofe</title><description/><link>https://apostrofe.blogia.com</link><language>es</language><lastBuildDate>Sun, 10 Dec 2023 12:02:20 +0000</lastBuildDate><generator>Blogia</generator><item><title>MON&#xD3;TONA IDENTIDAD OTO&#xD1;AL</title><link>https://apostrofe.blogia.com/2006/021202-monotona-identidad-otonal.php</link><guid isPermaLink="true">https://apostrofe.blogia.com/2006/021202-monotona-identidad-otonal.php</guid><description><![CDATA[<p align="justify"><span style="font-family: book antiqua,palatino">Es un d&iacute;a de oto&ntilde;o que me sumerge en la monoton&iacute;a. El sonido de las hojas muertas de los &aacute;rboles al ser pisadas estruja mis o&iacute;dos, me desespero. El viento ligero de la tarde roza mi piel como un &aacute;ngel invisible. Es un momento propicio para las evocaciones. Mis pensamientos buscan la manera de huir, de escapar tal y como lo hacen f&aacute;cilmente las hojas en el viento. Una fina gar&uacute;a empieza a ba&ntilde;ar mi rostro, a mojar mis ropas, a humedecer las hojas muertas. Mi ser se distancia, entonces, de la realidad.<br /><br />Mi amigo Juli&aacute;n est&aacute; cruzando el parque, seguro viene de la oficina de arbitrios y yo no puedo moverme a saludarlo como lo hago habitualmente. Algo me detiene. Es como si estuviera atornillado a la banca. Lleva una expresi&oacute;n en su rostro que no logro comprender, talvez de aburrimiento. El vive en una calle que desemboca en el parque, una calle olvidada hasta por Dios.<br /><br />A&uacute;n inm&oacute;vil observo con detenimiento el paso de Juli&aacute;n; su vida es tan rutinaria como la m&iacute;a. Lo &uacute;nico que no comprendo es esa expresi&oacute;n que marca su rostro. Pensativo, busca en un bolsillo de su pantal&oacute;n el cigarrillo que usualmente lleva all&iacute;. S&eacute; que preferir&iacute;a no encontrarlo, ruega haberlos olvidado en la tienda; despu&eacute;s de todo ser&iacute;a una buena manera de romper el primer eslab&oacute;n de una larga cadena de monoton&iacute;a.<br /><br />Est&aacute; a punto de llegar al final de la calle, doblar la esquina y llegar a la puerta de su casa. Se detiene y extrae parsimoniosamente el guante de su mano derecha; a tres metros exactos de dar vuelta enciende el cigarro que hall&oacute; junto a ese viejo encendedor desechable que lo acompa&ntilde;a siempre. Ahora no tiene excusa suficiente para variar su camino rutinario. Apenas concluye el ritual de encender el cigarrillo, Juli&aacute;n empieza a hurgar en su gab&aacute;n en busca del d&uacute;o de llaves para entrar a su morada.<br /><br />De pronto, mientras dobla la esquina - qui&eacute;n sabe por qu&eacute; - Juli&aacute;n se distrae y mira hacia otro lado. Casi por instinto coloca la llave a la altura de la cerradura. Se queda quieto, sin entender qu&eacute; sucede. Su cuerpo tambalea. No existen ni cerradura, ni puerta, ni fachada. La casa ha desaparecido. At&oacute;nito, retrocede mientras respira agitadamente. Echa un vistazo. Todo est&aacute; en su lugar: las casas abandonadas, las veredas con hojas secas, un perro solitario; todo, menos su casa.<br /><br />&laquo; &iquest;A d&oacute;nde llegar&aacute;n los recibos que no he pagado?&rdquo; &ndash; se pregunta Juli&aacute;n mientras corre para ver a In&eacute;s, su prima, quien trabaja en la oficina de los tributos. Al llegar ve que el lugar donde In&eacute;s estaciona su veh&iacute;culo, est&aacute; vac&iacute;o, sobreponi&eacute;ndose de la sorpresa inicial le pregunta al vigilante acerca de ella.<br /><br />- &iquest;La se&ntilde;ora In&eacute;s? &ndash;responde sorprendido el vigilante- la se&ntilde;ora muri&oacute; hace ya varios a&ntilde;os, &iquest;qui&eacute;n es usted?<br />- &iquest;Me est&aacute; tomando el pelo? Yo estuve con ella como al mediod&iacute;a.<br />- Mire don, ya le he dicho, la se&ntilde;ora In&eacute;s falleci&oacute;, hasta hay una placa de recuerdo all&iacute;- responde el joven.<br />En efecto, es una placa de cristal con la foto de In&eacute;s. El cristal le devuelve la imagen de un rostro de barba entrecana, un rostro envejecido en minutos.<br />- &iquest;De qu&eacute; muri&oacute;?- alcanza a decir.<br />- Dicen que de amor. Se enamor&oacute; de su primo, se casaron, pero el muri&oacute;. A ella le agarr&oacute; la depresi&oacute;n, no quer&iacute;a vivir, un tiempo despu&eacute;s tambi&eacute;n falleci&oacute;.<br />- &iexcl;Mentiroso!, Inesita no ten&iacute;a esposo, es pura y seguir&aacute; si&eacute;ndolo<br />.- &iexcl;No me llame mentiroso, se&ntilde;or! Creo que su esposo se llamaba Juli&aacute;n Garc&iacute;a y estuvieron casados diez a&ntilde;os.<br />- Juli&aacute;n Garc&iacute;a soy yo y no estoy muerto, &iexcl;imb&eacute;cil!, -grita con desesperaci&oacute;n- &iquest;d&oacute;nde est&aacute;?<br />- &iquest;C&oacute;mo?, a m&iacute; nadie me falta el respeto, &iexcl;l&aacute;rguese de aqu&iacute; antes de que lo saque a patadas!<br /><br />Juli&aacute;n agacha la cabeza y enrumba a hablar con Adriana, su amiga, que ofrece t&eacute; caliente en un cochecito cercano; por la confianza, &eacute;l acostumbra servirse sin pedir permiso. Pero esta vez, un hombre de avanzada edad lo amenaza blandiendo un palo. Sin entender, Juli&aacute;n retrocede.<br /><br />- &iexcl;Adriana, un ladr&oacute;n!- grita mientras trata de golpearlo.<br />- &iexcl;L&aacute;rguese de aqu&iacute;! - grita la se&ntilde;ora que aparece detr&aacute;s del hombre.<br /><br />De manera repentina Adriana queda paralizada.<br /><br />- &iexcl;No le pegues, no le pegues! Creo que lo conozco &ndash; dice Adriana intentando reconocer al hombre a punto de ser golpeado- &iexcl;&iquest;Juli&aacute;n?!<br />- Juli&aacute;n muri&oacute; hace a&ntilde;os, no es &eacute;ste- dice el hombre.<br /><br />Juli&aacute;n quita las manos con las que intenta protegerse. &iquest;C&oacute;mo es que lo conoc&iacute;an esos dos ancianos? Aquella no era la Adriana que hab&iacute;a visitado por la ma&ntilde;ana. Entonces mira directamente a la se&ntilde;ora, intentando reconocer sus ojos. S&iacute;, es su gran amiga Adriana.<br /><br />- &iexcl;Es Juli&aacute;n! &iexcl;Es Juli&aacute;n! &ndash; dice la anciana, conmovida.<br /><br />El hombre desconcertado, saca dos cigarrillos, uno de los cuales invita Juli&aacute;n. Este fuma con desesperaci&oacute;n.<br /><br />- &iquest;Adriana que paso con In&eacute;s? &ndash;dice Juli&aacute;n.<br />- &iquest;Que me paso por Dios santo?, yo quer&iacute;a un leve cambio en mi rutina y mira lo que sucedi&oacute;. No tengo nada. Perd&iacute; todo. Mi juventud, mi enamoramiento, mi matrimonio, todo lo he perdido, mi vida por completo, - dice Juli&aacute;n con un aire melanc&oacute;lico, luego baja un poco la mirada dando el tiro de gracia al cigarro, la ultima pitada. Al momento de soltarlo al suelo, mira a Adriana, a quien el cabello blanquecino se le empieza a oscurecer y las arrugas marcadas empiezan a desaparecer.<br />- No Juliancito, hoy no he visto a Inesita, debe estar trabajando.<br /><br />Juli&aacute;n sin entender lo que Adriana dice, pasa su mano por su ment&oacute;n, y siente que ya no tiene aquella espesa barba. Retrocede y camina r&aacute;pidamente hacia la oficina municipal. Al acercarse ve a un viejo hombre vigilante. In&eacute;s esta saliendo de la oficina y al verlo llegar lo espera con una sonrisa enorme, sorpresivamente lo bes&oacute;.<br /><br />- In&eacute;s, &iquest;quieres ser mi esposa?<br />- Mi amor, estamos casados.<br />- &iquest;Quieres casarte de nuevo conmigo?<br />- Tus recibos, me dijeron que no los pagaste.<br />- No me interesa eso, resp&oacute;ndeme.<br />- Vamos para la casa.<br /><br />Van por las calles llenas de hojas secas, al caminar el sonido habitual, y a tres metros para voltear la esquina, busca sus cigarrillos y sonr&iacute;e.<br /><br />- &iquest;Qu&eacute; pas&oacute;? -Le pregunta In&eacute;s.<br />- Al fin -dice Juli&aacute;n feliz y sonriente- Dios se acord&oacute; de esta calle, &iexcl;olvid&eacute; los cigarrillos en la tienda!<br /><br />Acompa&ntilde;&eacute; a mi amigo con la sonrisa en este ciclo sin fin. Al menos &eacute;l, hab&iacute;a variado su rutina. Mientras tanto, yo me paro y sigo mi camino entre las hojas del oto&ntilde;o mon&oacute;tono.</span></p>]]></description><pubDate>Sun, 12 Feb 2006 05:26:00 +0000</pubDate></item></channel></rss>
